Los derechos de los mayores en peligro

27 julio, 2020
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Dra. Trinidad Bernal Samper. Doctora en Psicología y directora de la Fundación ATYME.

El mejor regalo que tenemos los humanos es la capacidad de decidir

Haber conseguido cerca de 30 años en la esperanza de vida es una de las mayores proezas de la humanidad y un signo de progreso, aunque a la sociedad le sigue costando desmontar las representaciones negativas y los estereotipos del envejecimiento. La discriminación por motivos de edad se ha convertido en una de las tres grandes formas de discriminación en nuestra sociedad, detrás del racismo y del sexismo. El modelo negativo del envejecimiento ha dominado en las ciencias médico-biológicas y también en las ciencias del comportamiento y en el conocimiento popular de la imagen del mayor. Durante mucho tiempo se ha mantenido la creencia compartida de que el desarrollo biológico y comportamental marchan parejo y que a partir de una determinada edad empieza la vejez, coincidiendo con la jubilación, que conlleva pérdida, declive y deterioro, al igual como lo considera la biología.

Desde este enfoque, el envejecimiento se ha entendido como una involución que tiene el signo contrario a lo que llamamos desarrollo y ha tenido su impacto en la realidad social, influyendo en la imagen del mayor, complicando el panorama de este colectivo al debilitar su seguridad personal y dirigirlos más rápidamente hacia la dependencia. Estos clichés negativos tienen un fuerte poder causal, convirtiéndose en profecías que se cumplen a sí mismas y determinan comportamientos discriminatorios.

En los últimos tiempos, con el cambio generado por la transformación demográfica, se empezó a cuestionar estos estereotipos apoyado por el nuevo enfoque de la gerontopsicología, un enfoque positivo del envejecimiento y que ha pasado, de estar centrado en los déficits a tener en cuenta múltiples dimensiones de la vida humana en la que influyen los cambios y donde se ha visto, que el aumento de la edad no solo produce deterioro, también hay ganancias por el crecimiento a lo largo de todo el ciclo vital, desde que nacemos hasta que morimos.

En efecto, el ser humano no termina su desarrollo cuando acaba su máxima maduración física y biológica, ni empieza su deterioro cuando termina, en la edad adulta, su etapa laboral, se marchan sus hijos de casa, o cuando ocurre cualquier otra condición. El desarrollo, desde una perspectiva psicológica, dura mientras se sigan produciendo las transacciones entre el organismo biológico y el contexto sociocultural y en ese balance, existen factores que experimentan ganancias y otros experimentan pérdidas.

Los mayores han empezado a tener un lugar importante en nuestra sociedad, se ha revalorizado su imagen y, lo más importante, los propios mayores han empezado a cambiar la percepción de ellos mismos, adquiriendo confianza y seguridad. El envejecimiento es reconocido como un proceso natural que no puede analizarse como si fuera una enfermedad, ni entendido sólo como una pérdida de las capacidades físicas, sino como una etapa más de la vida que incluye un crecimiento personal.

Desde hace varios años, la Fundación ATYME se ha encargado de promocionar esta imagen positiva de la vejez, impulsando el cambio de paradigma de los mayores en la sociedad, destacando las ganancias que conlleva esta etapa de la vida y propiciando el seguir tomando sus propias decisiones. La campaña de Empoderamiento de los mayores, en 2019, es un ejemplo de esta contribución a considerar al Mayor ciudadano de pleno derecho, como un igual y propiciar esta revalorización de la imagen de los mayores ante la sociedad. 

Los mayores han entrado a formar parte de la sociedad, no viven en un mundo aparte, sino junto a los demás, sin guetos ni espacios separados y eso lo hemos visto en la nueva imagen en los medios de comunicación, una masiva incorporación de los mayores en los viajes, en las películas, donde el tratamiento de su imagen es de actividad, dinamismo y ganas de vivir. Podíamos decir, que la imagen social de los mayores se ha resituado y eso ha incidido en el aumento de su autoestima, en su empoderamiento

¿Qué ha ocurrido como consecuencia de la pandemia?

La crisis provocada por la pandemia ofrece un panorama dantesco. Las estadísticas han sido escalofriantes y han provocado una serie de informaciones dramáticas y sensacionalistas que han incidido en la imagen social de las personas mayores, una construcción social que toma cuerpo, principalmente, a través de los medios de comunicación y en cómo presentan a las personas mayores.

En este caso, los medios se han hecho eco de las informaciones sanitarias entendiendo la salud de la población mayor en términos estadísticos, datos cuantitativos que se manejan sin tener en cuenta los cualitativos, ofreciendo información alarmante sobre morbilidad, enfermedades, causas de muertes etc. Información que está asociada a los aspectos negativos de la salud en los mayores, mientras que la Salud es algo más que la ausencia de enfermedad, como dice la OMS, es el estado de completo bienestar físico, mental y social.

Estos datos estadísticos han ocasionado un fuerte golpe para la imagen social de los mayores, personas que se han sentido conmocionados por el mensaje repetitivo publicitado, que aconseja tener cuidado con los mayores porque son un grupo vulnerable que deben ser evitados y apartados por su propia seguridad. 

La recomendación de llevar precaución con los mayores ha hecho retroceder su imagen, viéndolos como personas indefensas y con necesidad de ser cuidadas, despertando, de nuevo, el sentimiento de preocupación y el impulso de protegerlos con el objetivo, más encaminado a calmar nuestra preocupación, que a ocuparnos en conocer qué quieren y necesitan realmente los mayores.

La doble preocupación, (considerarlos grupo de riesgo, del que tenemos que distanciarnos y la condición de vulnerabilidad, necesitados de protección) lleva a los mayores a sentirse parte de un grupo estereotipado negativamente, con la consiguiente sensación de denigración y rechazo social, repercutiendo en su funcionamiento intelectual, en su autoestima al sentirse excluidos y discriminados por los demás.

Los efectos de la pandemia en la salud de los mayores parece que son evidentes y medibles, sin embargo, referirse a la variable edad, como única medida, puede ser un criterio útil, pero no necesariamente exacto, ya que el tiempo de envejecimiento es diferente para cada individuo por la gran variabilidad de elementos que intervienen en este proceso por el que discurre la vida de las personas.

La manera en la que se está tratando los Mayores, en esta pandemia, es miope y las consecuencias en el deterioro de su imagen preocupante porque se les va a volver a discriminar y bajo el paradigma de la protección, se justificará hacer  las cosas  por su bien, “yo sé lo que es bueno para ti, mayor”, descendiendo la confianza en este colectivo y provocando un sentimiento de inseguridad que les creará indefensión, conduciéndoles más rápidamente hacia la dependencia.

Ser Mayor no supone una cancelación de la condición de la ciudadanía, ya que todas sus necesidades y sus capacidades siguen estando ahí, aunque algunas de ellas se vean condicionadas por la edad porque también hay mejoras que producen los años. Lo que sí es una realidad es que nadie se jubila de su condición ciudadana, por lo que el proceso de envejecimiento no tiene que ser considerado como un problema, sino como una oportunidad social para aprovechar

Necesitamos recobrar la imagen de los mayores como personas que participan activamente, que tienen iniciativas y llevan el control y la autodeterminación de sus vidas. Desde este enfoque, muchos de los problemas existentes no se resuelven sólo desde las políticas sociales o de salud, hay que modificar las situaciones de estatus de este sector de la población, lo que requiere ciudadanos conscientes de sus derechos, de adultos mayores organizados, empoderados, protagonistas de los cambios. La capacidad de afrontar y tomar decisiones personales acerca de cómo vivir la propia vida se convierte en un derecho- necesidad y constituye una prioridad para atender las necesidades de las personas.

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