Un mecanismo inmunitario explica el porqué de las diferencias sexuales en la duración del dolor

6 marzo, 2026

Resumen elaborado por la Dra. Concha Lopez, miembro del Comité Científico de Fundación QUAES, a partir de los artículos de María G. Dionis en la Agencia Sinc ( https://www.agenciasinc.es/Noticias/Un-mecanismo-inmunitario-explica-por-que-el-dolor-cronico-dura-mas-en-las-mujeres ) y de Science Immunology ( Monocyte-derived IL-10 drives sex differences in pain duration ). 

El dolor crónico es un problema de salud prevalente que afecta a más de 100 millones de personas en Estados Unidos y genera importantes costos de atención médica. Existe un claro predominio femenino en la mayoría de los síndromes de dolor crónico, probablemente impulsado por una resolución más lenta del dolor en las mujeres. La resolución más lenta del dolor en las mujeres aumenta su riesgo de transición a dolor crónico. Dada la fuerte asociación entre el sistema inmunitario y el dolor, así como las diferencias de sexo en las respuestas inmunitarias, los mecanismos inmunitarios pueden contribuir a las diferencias de sexo en el dolor. 

 

“Los estándares de atención del dolor suelen basarse en parámetros masculinos y no se adaptan a las necesidades de las mujeres. Esto responde a la creencia generalizada de que, en ellas, el dolor está ‘en su cabeza’ y no es real. Pero nuestros resultados demuestran que no es así: el origen está en el sistema inmunitario”, explica Geoffroy Laumet, firmante principal del artículo. Los detalles del trabajo se publican en la revista Science Immunology. 

 

Las neuronas nociceptivas son neuronas sensoriales periféricas especializadas que detectan estímulos nocivos, potencialmente dañinos para los tejidos, y transmiten señales de dolor al sistema nervioso central. Estas neuronas expresan receptores de citocinas, lo que permite la comunicación directa entre las células inmunes y estas neuronas. Dentro de ellas, la IL- 10 se ha destacado como una citocina importante, con su efecto tradicionalmente vinculado a la supresión de la inflamación. Sin embargo, la expresión específica del receptor de IL-10 (IL-10R) en neuronas nociceptivas de ratones y humanos plantea la posibilidad de una acción directa de la IL-10 sobre las neuronas. Se desconocía si la IL-10 contribuye a las diferencias sexuales en la resolución del dolor. 

El estudio, liderado por un equipo de la Universidad Estatal de Michigan (EE UU), utilizó una técnica llamada citometría de flujo espectral de alta dimensión. Con ella descubrió que un subconjunto de células inmunitarias, los monocitos, que durante mucho tiempo se consideraron células precursoras sin mucha función, no solo desencadenan la inflamación tras una lesión, sino que son los responsables de liberar IL-10. 

 

El estudio se realizó con modelos de ratones y en análisis humanos utilizando datos de 245 sobrevivientes de trauma inscritos en la cohorte longitudinal AURORA, en quienes se cuantificaron los niveles circulantes de IL-10, la composición estimada de células inmunitarias y las trayectorias de dolor durante 84 días. Estos enfoques integrados permitieron realizar pruebas causales en ratones y pruebas de asociación en humanos para identificar a los monocitos y a la IL-10 como mediadores de la resolución del dolor específico del sexo. 

 

En el estudio se comprobó que IL-10 actúa directamente sobre los nervios sensibles al dolor para reducir su actividad eléctrica y ayudar a detener el dolor después de una lesión. Según los investigadores, la concentración de IL-10 ayuda a explicar por qué algunas personas se recuperan del dolor más rápido que otras.  

Además, vieron que estos monocitos eran mucho más activos en los hombres que en las mujeres. “La producción de IL-10 por los monocitos es promovida por los andrógenos. Los niveles de andrógenos son más altos en hombres, lo que explica que este proceso de resolución del dolor esté más potenciado en ellos, tanto en ratones como en personas que se recuperan de accidentes de tráfico”, subraya Laumet. De hecho, comprobaron que la pérdida de la señalización de andrógenos en los hombres reduce los monocitos IL-10 + y retrasa la resolución del dolor. 

 

En la práctica, los hospitales siguen basándose en la valoración que hacen los pacientes de su dolor en una escala del 1 al 10. El problema es que cada persona experimenta el dolor de forma diferente. Por lo tanto, cuando hay más mujeres que hombres que se quejan de dolor prolongado o persistente, la diferencia se suele atribuir a la percepción o a la forma de expresarlo. 

 

El dolor se produce cuando las neuronas que se encuentran en todo el cuerpo se activan por estimulación. La mayoría de las veces están inactivas, pero se activan, por ejemplo, cuando se sufre un golpe. Sin embargo, en las personas con dolor crónico, los sensores pueden activarse con una estimulación leve o incluso sin estimulación alguna. En las mujeres, esta respuesta para aliviar el dolor parece ser menos activa. “Esto significa que el dolor dura más tiempo, no porque sean más sensibles, sino porque la señal de detener el dolor del cuerpo no es tan fuerte. Por lo tanto, es más probable que el dolor persista en las mujeres y que desarrollen dolor crónico”, explica el investigador. 

 

Laumet destaca que estos resultados cambian la forma de pensar sobre el dolor. “En primer lugar, señalan que el tratamiento del dolor debe abordarse de manera diferente en ambos sexos”, apunta. 

 

Además, el estudio muestra que también existen mecanismos que promueven la recuperación de una lesión y cuestiona la idea de que el dolor debe tratarse sistemáticamente con fármacos antiinflamatorios (como el ibuprofeno o la aspirina), ya que las células inmunitarias son realmente necesarias para que el dolor desaparezca. 

“En lugar de limitarse a bloquear las señales de dolor con fármacos (como los opioides), los tratamientos futuros podrían tener como objetivo potenciar el sistema natural de resolución del dolor del propio cuerpo; por ejemplo, aumentando la producción de IL-10 o ayudando a los monocitos a comunicarse mejor con los nervios que detectan el dolor”, concluye Laumet. 

 

Referencia: 

Geoffroy Laumet et al. Monocyte-derived IL-10 drives sex differences in pain duration. Science Immunology (2026). 

 

 

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