Efectos nocivos para la salud de la contaminación por microplásticos y nanoplásticos

13 marzo, 2026

Francisco Javier Chorro Gascó.

Catedrático de Medicina. Especialista en Cardiología. Profesor Emérito de la Universidad de Valencia. Investigador del Centro de Investigación Biomédica en Red sobre Enfermedades Cardiovasculares (CIBER CV) y del Instituto de Investigación Sanitaria del Hospital Clínico Universitario de Valencia (INCLIVA).

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Los plásticos:

Son materiales sintéticos que pueden moldearse fácilmente y están compuestos principalmente por polímeros (combinaciones repetidas de determinadas moléculas) a los que se añaden aditivos químicos y que además contienen otras sustancias como productos de degradación o de transformación e impurezas. Los plásticos se producen a partir del petróleo, gas natural, carbón o fuentes orgánicas y su utilización en la sociedad actual es muy amplia y con aplicaciones muy diversas que abarcan desde el envasado de alimentos hasta la construcción, el transporte o la fabricación de objetos de uso cotidiano, entre otras. La demanda creciente de este tipo de productos se ha ido cubriendo con un amplio desarrollo de la industria relacionada con su producción y procesado. En 1950 la producción mundial anual se encontraba por debajo de los 2 millones de toneladas, en 2019 era de 460 millones de toneladas y se estima que la producción se triplicará en 2060. Más de la mitad de la producción global de plástico ha tenido lugar desde los inicios del siglo XXI. Entre los productos plásticos más utilizados se encuentran el polietileno (PE), el poliestireno (PS), el polipropileno (PP), el policloruro de vinilo (PVC), el tereftalato de polietileno (PET) o el poliuretano (PU), entre otros.

Microplásticos y nanoplásticos:

Los microplásticos son partículas de plástico muy pequeñas con un tamaño inferior a 5 mm y los nanoplásticos corresponden a partículas inferiores a 1000 nanómetros. Los microplásticos pueden proceder directamente de la fabricación, como ocurre en los que se producen para añadirlos a determinados detergentes, cosméticos, maquillajes, fertilizantes, pinturas o productos de limpieza. También son el resultado de la fragmentación de los plásticos utilizados en la confección de diversos productos, por ejemplo, bolsas, envases, botellas, redes, ropa sintética o neumáticos, entre otros. Los nanoplásticos suelen proceder de la fabricación y/o la degradación de los objetos de plástico. Estas sustancias se transportan con facilidad por vía aérea o acuática y se pueden acumular en tierras de cultivo y en alimentos de procedencia vegetal o animal.

Riesgos para la salud:

Los desechos de plástico, debido a su gran cantidad y a su muy lenta degradación, constituyen un importante problema de contaminación a nivel mundial, tal como queda de manifiesto con las grandes acumulaciones que están ocurriendo en mares y océanos, entre ellas la “isla de la basura” que se encuentra en el océano pacífico, entre las islas de Hawái y América del Norte. Durante la producción, uso, eliminación y degradación de los plásticos se liberan sustancias nocivas para la salud y la población se encuentra expuesta a estas sustancias que pueden penetrar en los organismos vivos y en el ser humano por ingestión, inhalación o a través de la piel. Por ejemplo, la exposición al bisfenol A (BPA) y a los ftalatos con frecuencia ocurre a través del consumo oral de alimentos contaminados durante su cultivo y/o durante su procesamiento, envasado, almacenamiento o preparación y también puede ocurrir a través de partículas que se encuentran en el aire o mediante el contacto directo con productos de cuidado personal y limpieza.

Determinadas sustancias que contienen los plásticos, entre las que se encuentran compuestos que se añaden a la estructura polimérica para conferirle características específicas, son potencialmente dañinas para la salud humana y para el medio ambiente. Los ftalatos, los bisfenoles, diversas sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas, bromadas u organofosforadas forman parte del amplio número de aditivos que pueden afectar negativamente a múltiples sistemas orgánicos, contribuyendo potencialmente a una variedad de enfermedades, que abarcan alteraciones metabólicas, endocrinas, respiratorias, cardiovasculares, neurológicas, hepáticas, renales, dermatológicas, infecciosas, inmunitarias y cáncer. También pueden originar trastornos en el desarrollo fetal, aumento del riesgo de partos prematuros, alteraciones de los órganos reproductivos e infertilidad.

Los bisfenoles se utilizan en la producción de plásticos de policarbonato, resinas epoxi y de éster de vinilo y algunos de ellos se usan con frecuencia en el revestimiento de recipientes y envases de alimentos.  Pueden alterar la función endocrina al interferir con la actividad de los receptores hormonales y de los esteroides. Así, el bisfenol A ha sido asociado con alteraciones en el desarrollo fetal, resistencia a la insulina y diabetes tipo 2, síndrome de ovario poliquístico, obesidad, hipertensión y enfermedades cardiovasculares.

Los diésteres de ortoftalato se utilizan como plastificantes y también como disolventes en productos de cuidado personal. Los ftalatos se utilizan para hacer más flexibles a los plásticos, entre ellos el policloruro de vinilo, y se encuentran en envases de alimentos, en productos cosméticos (perfumes, esmaltes) y de aseo personal, en juguetes, en dispositivos médicos y en materiales de construcción. Se han asociado con alteraciones en el desarrollo fetal, abortos espontáneos, disminución del peso al nacer, diabetes tipo 2, síndrome cardio-metabólico, pubertad precoz, reducción de la calidad del esperma, endometriosis, alteraciones del desarrollo cognitivo y psicomotor, hipertensión arterial y asma. El aumento de la morbilidad y mortalidad cardiovascular ha sido relacionado con la inducción de daño endotelial y el desarrollo de lesiones ateromatosas a través de la formación de LDL oxidadas y de células espumosas, así como con alteraciones de la coagulación que favorecen el desarrollo de fenómenos trombóticos.

Los bifenilos policlorados se han utilizado como aislantes y lubricantes en equipos eléctricos y se han asociado con diversos problemas de salud, entre ellos la disminución del peso de los recién nacidos, endometriosis, bronquitis en lactantes, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, linfoma no Hodgkin y cáncer de mama. En las poblaciones muy expuestas se asocian con aumento de la mortalidad general, por enfermedad hepática, por enfermedades cardiovasculares y con varios tipos de cáncer. Los éteres de polibromodifenilo se emplean para dificultar que ardan diversos plásticos y espumas utilizadas en aparatos eléctricos o electrónicos y en productos textiles, y se han asociado negativamente con el desarrollo cognitivo y el coeficiente intelectual de los niños, así como con la función tiroidea. Las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAs) se utilizan por sus propiedades repelentes al agua, grasas y manchas, y se encuentran en sartenes antiadherentes, productos impermeables, espumas contra incendios y envases de comida. La exposición a las mismas se ha asociado con un mayor índice de masa corporal y sobrepeso en niños, trastorno por déficit de atención con hiperactividad y rinitis alérgica.

Publicaciones recientes:

En el artículo publicado recientemente por Ali N et al. en la revista Lancet Planet Health(https://doi.org/10.1016/j.lanplh.2025.101390) se efectúa una revisión sistemática de la información publicada en las revistas científicas sobre los efectos de la contaminación por plásticos sobre la salud. Los autores del artículo comentan que, a pesar de todo, la evidencia directa de los riesgos para la salud relacionados con los plásticos en humanos sigue siendo limitada y que persisten considerables lagunas de conocimiento, en particular en la traducción de los hallazgos de laboratorio a la exposición en el mundo real, la aclaración de las relaciones dosis-efecto y la identificación de las poblaciones más vulnerables. Consideran que todavía es insuficiente la información sobre las exposiciones crónicas y a dosis bajas, así como la relacionada con estudios epidemiológicos a largo plazo, hechos que dificultan la evaluación integral de las repercusiones. Por otra parte, se espera que los avances en las tecnologías analíticas para detectar microplásticos y nanoplásticos en fluidos y tejidos humanos mejoren la comprensión de su cinética y efectos biológicos. Será muy útil la utilización de metodologías estandarizadas en la evaluación de la exposición en poblaciones humanas y en la realización de estudios longitudinales para establecer los niveles de riesgo asociados. Los autores señalan que, aunque todavía no es factible una evaluación completa de las consecuencias adversas, se deben implementar acciones para reducir los posibles riesgos para la salud, aplicando medidas preventivas y adoptando medidas de precaución para restringir la exposición a micro- y nanoplásticos sin esperar a que se resuelvan todas las incertidumbres.

También en el reciente trabajo publicado por Cirillo F et al. en la revista J Hazard Mater (https://doi.org/10.1016/j.jhazmat.2026.141332) se efectúa una revisión de los estudios experimentales y clínicos que respaldan la participación de los microplásticos y nanoplásticos en el inicio y la progresión de distintos cánceres humanos. Los estudios preclínicos han contribuido a identificar determinados mecanismos a través de los cuales confieren a las células cancerosas un mayor potencial proliferativo, mayor tasa de supervivencia e invasividad y una mayor resistencia a los fármacos antitumorales. Entre estos mecanismos se encuentran el estrés oxidativo, el daño genético, respuestas inflamatorias, desregulación inmunitaria y disrupción endocrina. Estudios in vitro e in vivo, así como la evidencia clínica, sugieren que la exposición a estas sustancias puede estimular la carcinogénesis tisular específica, particularmente en sitios que sirven como ruta primaria de contacto y absorción en el cuerpo humano. Los autores concluyen el análisis señalando que se requieren más esfuerzos de investigación empleando modelos experimentales adecuados y que las agencias regulatorias a nivel mundial deberían promulgar medidas preliminares dirigidas a limitar la producción de plástico y asegurar su adecuada eliminación.

En 2024, se difundieron los objetivos de la Comisión Minderoo-Mónaco dirigidos a examinar exhaustivamente el impacto de los plásticos a lo largo de su ciclo de vida. En esta comisión se diseñaron recomendaciones basadas en datos científicos para apoyar el desarrollo de un tratado mundial sobre plásticos, proteger la salud humana y salvar vidas. Señalaron que los plásticos aportan enormes beneficios, pero son responsables de daños para la salud, daños ambientales generalizados, con elevados costes económicos e injusticias sociales asociadas, y que los patrones actuales de producción, uso y eliminación de plástico no son sostenibles, teniendo en cuenta el aumento casi exponencial de la producción mundial, las bajas tasas de recuperación y reciclaje y la persistencia prolongada de los residuos en el medio ambiente. Por todo ello destacaron que se debe prestar mayor atención al diseño sostenible y a los materiales seguros, frenando el aumento desmedido de la producción, y especialmente el aumento de la fabricación de una gama cada vez mayor de productos plásticos desechables innecesarios.

Conclusiones:

– La exposición a sustancias químicas contenidas en los plásticos se relaciona con resultados adversos para la salud, por lo que es necesaria la investigación epidemiológica, así como la investigación dirigida al estudio de los mecanismos implicados y al de los resultados de programas de intervención que pueden ser eficaces para disminuir la exposición y evitar sus efectos.

– La información proporcionada por la investigación científica constituye un apoyo imprescindible para que los responsables políticos actúen consecuentemente y para que los sistemas de salud dispongan de la orientación necesaria para evaluar, tratar y educar a los pacientes y al público en general, tal como lo señalan instituciones como la Unión Europea (Commission Regulation -EU- y Council concerning the Registration, Evaluation, Authorisation and Restriction of Chemicals (REACH) as regards synthetic polymer microparticles), o las Naciones Unidas (Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente – UNEA).

– Es necesario que se realicen análisis sistemáticos del riesgo asociado a las sustancias químicas que contienen los plásticos antes de su comercialización, así como la realización de estudios epidemiológicos y de monitorización biológica tras su comercialización, para poder detectar daños imprevistos.

– Son muy importantes las políticas coordinadas a nivel mundial para evitar los impactos nocivos y proteger la salud. Son cuestiones relevantes la reducción de la producción mundial de plásticos, la mejora de la recolección y eliminación de residuos, el aumento del reciclaje y la sustitución de plásticos específicos por otros inocuos o por materiales alternativos, contemplando los sistemas de reutilización.

Bibliografía (Acceso abierto):

– Ali N, Katsouli J, Auyang E, de la Serna JB. Microplastic and nanoplastic pollution and associated potential disease risks. Lancet Planet Health 2025; 9: 101390. doi: 10.1016/j.lanplh.2025.101390.

https://doi.org/10.1016/j.lanplh.2025.101390

– Cirillo F, Gianì F, Sergi V, et al. The hidden threat: Microplastics and cancer biology. J Hazard Mater. 2026 Feb 8;505:141332. doi: 10.1016/j.jhazmat.2026.141332.

https://doi.org/10.1016/j.jhazmat.2026.141332

– Landrigan PJ, Raps H, Cropper M, et al. The Minderoo-Monaco Commission on Plastics and Human Health. Annals of Global Health. 2023; 89(1): 23, 1–215. DOI: https://doi.org/10.5334/aogh.4056

– Lucas A, Harray A, Duong L, et al. Randomised controlled trial of a low plastic diet and lifestyle intervention for adults with cardiometabolic risk factors: the Plastic Exposure Reduction Transforms Health (PERTH) trial – a protocol. BMJ Open. 2025 Aug 25;15(8):e099330. doi: 10.1136/bmjopen-2025-099330.

https://doi.org/10.1136/bmjopen-2025-099330

– Symeonides C, Aromataris E, Mulders Y, et al. An Umbrella Review of Meta-Analyses Evaluating Associations between Human Health and Exposure to Major Classes of Plastic-Associated Chemicals. Annals of Global Health. 2024; 90(1): 52, 1–54. DOI: https://doi.org/10.5334/aogh.4459

– Goldsworthy A, O’Callaghan LA, Blum C, et al. Micro-nanoplastic induced cardiovascular disease and dysfunction: a scoping review. J Expo Sci Environ Epidemiol. 2025 Sep;35(5):746-769. doi: 10.1038/s41370-025-00766-2.

https://doi.org/10.1038/s41370-025-00766-2

– Deeney M, Hamelin L, Vialle C, et al. Global health burdens of plastics: a lifecycle assessment model from 2016 to 2040. Lancet Planet Health. 2026 Jan;10(1):101406. doi: 10.1016/j.lanplh.2025.101406. Epub 2026 Jan 26.

https://doi.org/10.1016/j.lanplh.2025.101406

– Unión Europea: https://echa.europa.eu/hot-topics/microplastics

 

 

 

 

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