Muerte súbita en el deporte: concepto y datos epidemiológicos

16 enero, 2026

Dra. Araceli Boraita.

Unidad de Investigación de Fisiología del Ejercicio, Facultad de Ciencias de la Salud, Universidad Europea de Madrid.

Enero, 2026

El deporte es un fiel reflejo del estado de salud y de la calidad de vida de una sociedad, por lo que cada vez son más las personas que practican actividades deportivas, de tal manera que se ha convertido en uno de los fenómenos sociales más importantes de las últimas décadas. Los deportistas representan el estado de máxima salud, por lo que cuesta comprender como un joven aparentemente sano pueda morir durante su práctica deportiva habitual, especialmente cuando ello ocurre en deportistas bien entrenados con un excelente rendimiento deportivo, y que desgraciadamente desconocían que eran portadores de manera silente de enfermedades cardiovasculares potencialmente letales.

La muerte súbita se considera en relación con el deporte cuando sucede durante la práctica deportiva o en la hora siguiente a la misma. Existen datos que nos sugieren que el riesgo de sufrir una muerte súbita se incrementa durante la realización de una actividad deportiva intensa. De hecho, las personas que practican actividad deportiva intensa presentan una incidencia mayor que las no deportistas, 2,3 muertes por 100.000 habitantes versus 0,7 por 100.000 habitantes. Los principales mecanismos involucrados guardan relación con los cambios hemodinámicos y electrofisiológicos que se producen durante el ejercicio. Durante el ejercicio se produce una estimulación del sistema nervioso autónomo «simpático» con un aumento de las catecolaminas circulantes (hormonas del estrés), que se ve incrementado por la competición y que exagera las respuestas de la tensión arterial, la frecuencia cardiaca y la contractilidad miocárdica con el consiguiente incremento del consumo de O2 miocárdico. Esta estimulación simpática puede por sí sola favorecer la aparición de arritmias o agravar una situación de isquemia miocárdica (insuficiente aporte de sangre con oxígeno) subyacente. Además, los cambios ambientales extremos (temperatura, altitud, barométricos, etc.) y/o el estrés añadido que se genera en deportes con elevado componente emocional, pueden incrementar significativamente la demanda miocárdica de O2 y el riesgo de muerte súbita en deportistas susceptibles.

La verdadera incidencia de muerte súbita en el deportista es desconocida, pero afortunadamente es baja, y al igual que sucede en la población general, su frecuencia varia ampliamente dependiendo de la edad del deportista, sexo, etnia, de la población estudiada y de la pérdida de casos debido a la falta de obligatoriedad de comunicarlos. En los menores de 35 años el riesgo de muerte súbita es muy pequeño. Datos robustos de la cohorte de la base de datos de la Asociación Deportiva Universitaria Nacional de Estados Unidos (NCAA) en los deportistas de 17 a 24 años muestran una incidencia de 1,9 por cada 100.000 deportistas-año. Por otro lado, la incidencia de muerte súbita en USA en deportistas entre 8-39 años, en un estudio que incluyo a 50 estados y el distrito de Columbia en un análisis retrospectivo de 27 años (1980 a 2006) fue de 0,61/100.000 deportistas-año. El 94% tenían una edad igual o inferior a 25 años, el 82% de los casos ocurrieron durante o después de la actividad física, y sólo un 11% de las muertes ocurrieron en mujeres. El 33% de los fallecimientos ocurrieron en baloncesto y el 25% en fútbol americano. El riesgo es tres veces superior en los deportistas de raza negra, y el baloncesto es el deporte con más riesgo, tanto en hombres como en mujeres.

En Europa, en una evaluación prospectiva de las muertes súbitas en la región italiana del Véneto, durante 21 años, en deportistas con una edad comprendida entre 12 y 35 años, la incidencia fue de 2,3 por 100.000 deportistas-año, 2,6 en hombres y 1,1 en mujeres, mientras que en no deportistas la incidencia fue de 0,9 por 100.000 personas-año. Hay que señalar que este estudio demostró la modificación en la incidencia a lo largo de los años, de tal manera que la incidencia era de 3,6 por cada 100.000 deportistas-año antes de que se introdujeran las políticas de detección previa a la participación a principios de la década de 1980, con un descenso significativo a 0,4 por cada 100.000 después de que estas políticas se aplicaran plenamente. Por el contrario, en una gran cohorte de futbolistas adolescentes sometidos a exámenes médicos en el Reino Unido, con un numerador y un denominador definidos con precisión, reveló una incidencia de muerte de 6,8 por cada 100.000 deportistas-año.

Las diferencias encontradas en las incidencias probablemente estriban en la forma de obtener la población global de deportistas, la mayoría de las veces de forma estimada, con lo que el denominador es muy variable y las discrepancias son muy acentuadas. Este escollo se solucionaría si existieran bases de datos centralizadas gubernamentales donde se registrarán de manera obligatoria todos los deportistas que participen en actividades a nivel competitivo.

La incidencia de muerte es mayor en los deportistas de más edad en comparación con los más jóvenes. Aunque existe evidencia de que el ejercicio físico de resistencia ejerce un efecto protector para el desarrollo de arterioesclerosis coronaria y que la probabilidad de padecer cardiopatía isquémica es menor en los que practican deporte, el riesgo de sufrir un accidente cardiovascular está aumentado durante o inmediatamente después del ejercicio. En un estudio prospectivo realizado durante un año en tres regiones del suroeste de Francia, realizado para evaluar los eventos cardíacos durante o inmediatamente después de actividades deportivas, supuso una incidencia de 6,5-100.000 participantes-año (10,8-100.000 hombres-año y 2,2-100.000 mujeres-año respectivamente). La edad media de todos los casos fue de 45,5 ±14,6 años y el 81,1% fueron hombres. Los deportes más involucrados fueron la carrera a pie, el ciclismo y la natación.  Según otro estudio nacional danés, la incidencia estimada de muerte súbita fue de 0,47 a 1,21 por cada 100.000 personas-año en deportistas competitivos jóvenes menores de 35 años, en comparación con 6,64 por cada 100.000 personas-año en deportistas mayores de 35 años.

Resumiendo, en los jóvenes la mayoría de las muertes ocurren en aquellos deportes con mayor participación, como el fútbol, el baloncesto y el ciclismo, y es cinco veces más frecuente en los varones incluso después de ajustar por la frecuencia de participación en eventos deportivos.  En los deportistas más mayores, sin embargo, debido a la menor participación en deportes organizados, ocurre con mayor frecuencia durante la realización de actividades individuales como la carrera de larga distancia o el ciclismo, estando durante la misma el riesgo multiplicado por siete dependiendo de la intensidad.

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