Resumen del Dr. Javier Chorro, cardiólogo y miembro del Comité Científico de Fundación QUAES, a partir del artículo publicado en Nature Communications, en acceso abierto ( https://doi.org/10.1038/s41467-026-74443-9 )
Los procedimientos diagnósticos permiten establecer la existencia y la naturaleza de las enfermedades y sentar las bases para la aplicación de los tratamientos disponibles. La precisión diagnóstica se define mediante parámetros como la sensibilidad y la especificidad que indican la capacidad de detectar la enfermedad cuando está presente (casos verdaderos positivos), o la de excluirla cuando no lo está (casos verdaderos negativos). Esta precisión disminuye cuando se afirma que existe una determinada afección sin que esto ocurra realmente (casos falsos positivos) o cuando se excluye la presencia de la enfermedad en una persona realmente afectada por la misma (casos falsos negativos).
Un falso negativo indica erróneamente que una persona no padece una determinada enfermedad, situación que se asocia a retrasos en su identificación y en la aplicación de los tratamientos indicados. La complejidad de los procesos que intervienen en la aparición de las enfermedades, la variabilidad en las formas de presentación y en las manifestaciones clínicas, así como las limitaciones de las técnicas y pruebas utilizadas, determinan que la precisión diagnóstica no llegue al 100% en la mayoría de las ocasiones.
En relación con el melanoma, que es un tumor cutáneo peligroso y agresivo, menos frecuente que otros cánceres de piel pero que puede llegar a provocar metástasis y graves complicaciones, la detección precoz se asocia a mejores factores pronósticos: ausencia de invasividad cuando se diagnostica como melanoma “in situ”, escaso espesor tumoral en melanomas invasivos en fase inicial y ausencia de ulceración. Su detección y la instauración del tratamiento correcto y precoz puede reducir o evitar las consecuencias adversas. Entre los factores causales se encuentran la exposición inadecuada a las radiaciones ultravioleta, especialmente en personas con antecedentes familiares, piel clara, antecedentes de lesiones por exceso de exposición al sol y falta de protección adecuada, que consiste en evitar exposiciones prolongadas, utilización de filtros solares, de ropa y prendas protectoras, etc… Otros factores que influyen en su aparición son la edad o alteraciones en el sistema inmunitario. Se consideran signos que requieren atención y vigilancia la presencia de lunares o de “manchas” en la piel de nueva aparición o que cambian de tamaño y características en cuanto a forma y coloración. Existen localizaciones atípicas en zonas no expuestas al sol, como las mucosas, el tracto gastrointestinal, las vías respiratorias o el tracto genitourinario, que dificultan su detección.
El retraso en el diagnóstico correcto puede deberse a diversos factores, entre ellos la demora en la consulta médica (porque el paciente no detecta signos o no los considera relevantes, por sobrecarga en las consultas, por motivos socioeconómicos, etc…), así como el error en el diagnóstico inicial. Los falsos positivos son motivo de preocupación para el paciente, que puede ser muy relevante, aunque no llevan consigo la presencia y evolución de la enfermedad y sus consecuencias. Por otra parte, el diagnóstico falso negativo se asocia a un retraso en el diagnóstico correcto y en la instauración del tratamiento, y suele repercutir negativamente en la evolución de la enfermedad. Como señalan Garbe C et al. en el artículo recientemente publicado en la revista Nature Communications (https://doi.org/10.1038/s41467-026-74443-9), en el caso del melanoma existen dos tipos de diagnósticos falsos negativos, el clínico y el histopatológico. En relación con el primero (por ejemplo, al considerar que la lesión es benigna), una de sus implicaciones es que no se proceda a la realización de biopsia y examen histológico y que el diagnóstico correcto se establezca más tarde, cuando aparecen cambios adicionales en la lesión y se vuelve a consultar, realizándose entonces la biopsia. En el caso del diagnóstico histopatológico, el diagnóstico falso negativo se reconoce retrospectivamente cuando se produce una recidiva o una metástasis.
Los autores del artículo mencionado han planteado el estudio de ambos tipos de diagnósticos falsos negativos y de sus consecuencias en relación con la evolución de la enfermedad (años de vida perdidos tras un diagnóstico falso negativo en comparación con un diagnóstico correcto inicial), considerando que un falso negativo puede conllevar un retraso en el tratamiento eficaz y un pronóstico más desfavorable.
Para ello han realizado un estudio prospectivo utilizando el Registro Central de Melanoma Maligno de la Sociedad Alemana de Dermatología. Se trata de un registro de base hospitalaria en el que participan 60 servicios y en el que se incluyen datos demográficos, datos del tumor e información sobre el tratamiento, el seguimiento y la evolución de la enfermedad. Se dispone de la fecha del primer diagnóstico y la fecha del diagnóstico definitivo en el Servicio Universitario de Dermatología de Tubinga (Alemania). El análisis distingue entre diagnóstico falso negativo clínico e histopatológico, y se analiza el número total de años de vida perdidos, así como su variación según sexo, edad, localización y otros factores.
Entre 1996 y 2015, se registraron prospectivamente 9063 pacientes y se realizó un seguimiento hasta diciembre de 2023. Se identificó un diagnóstico falso negativo en 206 pacientes (2,3 %), de los cuales el 57,8% fueron mujeres. En estos casos la mediana de tiempo transcurrido hasta obtener finalmente el diagnóstico correcto fue de 24,0 meses. La mediana de edad en el momento del diagnóstico correcto fue de 58,2 años en los pacientes con falso diagnóstico negativo inicial y de 57,7 años en los pacientes con diagnóstico inicial correcto. En un 51,5 % de los casos el diagnóstico falso negativo fue clínico y en un 48,5 % fue histopatológico. El diagnóstico falso negativo se asoció significativamente con la localización anatómica del melanoma (56,6% en zonas acras, como las subungueales y las plantares).
La edad al primer diagnóstico, el estadio de la enfermedad, el grosor tumoral, el nivel de invasión, el subtipo histopatológico, la localización anatómica, el sexo y la presencia de ulceración, fueron factores pronósticos significativos. Las probabilidades de supervivencia libre de recidiva a 10 años fueron del 32,9 % para los casos con diagnóstico inicial falso negativo y del 76,2 % para los casos con diagnóstico inicial correcto (p<0,001). En el grupo de falsos negativos, el 39,8 % falleció por melanoma, frente al 12,5 % en el grupo con diagnóstico inicial correcto. Las probabilidades de supervivencia específica por melanoma a 10 años fueron del 62,1 % frente al 85,0 % (p<0,001). El diagnóstico falso negativo inicial se asoció con una pérdida sustancial de años de vida. En promedio, cada persona con un diagnóstico falso negativo perdió 8,2 años de vida en comparación con aquellas que recibieron un diagnóstico inicial correcto.
Los autores del estudio concluyen que, en la población estudiada, la precisión del diagnóstico de melanoma es bastante alta, y solo en el 2,3 % de los pacientes se observa un diagnóstico inicial falso negativo. No obstante, se calcula una pérdida media de 7 a 8 años de vida para estos pacientes. Los autores consideran que deberían promoverse iniciativas y procedimientos encaminados a minimizar aún más los casos de diagnóstico inicial falso negativo.
Bibliografía Acceso Abierto):
Garbe C, Keim U, Amaral T, et al. Years of life lost in patients with a false-negative diagnosis of primary melanoma. A prospective study of the German Central Malignant Melanoma Registry involving 9063 patients over 28 years. Nat Commun. 2026 Jul 2;17(1):5790. doi: 10.1038/s41467-026-74443-9. PMID: 42393046; PMCID: PMC13328647.
https://doi.org/10.1038/s41467-026-74443-9
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