Resumen elaborado por el Dr. Javier Chorro, cardiólogo y miembro del Comité Científico de Fundación QUAES, a partir del estudio Systemic medications and dementia risk: a systematic umbrella review, publicado en Molecular Psychiatry (Acceso abierto: https://doi.org/10.1038/s41380-025-03129-3 ).
Los datos demográficos muestran que la población actual es más longeva que en épocas anteriores. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística, el porcentaje de personas con edad igual o mayor de 65 años ha ido aumentando progresivamente, así en 1975 este porcentaje era el 10,2% de la población y en 2024 el 20,4%. Se observa lo mismo al analizar el índice de envejecimiento, es decir el porcentaje de población de 60 años o más con respecto a la población de edad inferior a 16 años, que en 1975 era el 34,9% y en 2024 el 142,3%. Estas cifras van unidas a un aumento de la esperanza de vida al nacer, que actualmente es de 83,7 años y en 1975 era 73,4 años. El incremento de la longevidad es el resultado de múltiples factores relacionados con las condiciones de vida, entre los que se encuentran mejoras en la nutrición, en la salubridad, en la sanidad, en la lucha contra las enfermedades, en las condiciones laborales o en los sistemas de protección social.
Estos avances, a su vez se acompañan de un incremento de condiciones asociadas al envejecimiento, entre ellas enfermedades no transmisibles y degenerativas entre las que se encuentran el deterioro cognitivo y la demencia. En el informe sobre prevención, intervención y atención de la demencia elaborado en 2024 por la Comisión Permanente de “The Lancet”, se señalaba que en la época actual hay más personas que viven con demencia que en épocas anteriores y que se prevé que este número siga aumentando. Por este motivo, los autores del informe consideran que se deben realizar esfuerzos y utilizar recursos para prevenir o retrasar la demencia y mejorar la calidad de vida de las personas afectadas y de sus familiares.
Como se señala en el citado informe, la prevención debería comenzar en etapas precoces de la vida estableciendo mejoras en los programas de educación, y a lo largo de la misma controlando los factores de riesgo: dislipemias, diabetes, obesidad, hipertensión arterial, traumatismos craneoencefálicos, alcoholismo, tabaquismo y sedentarismo, entre otros. También, en etapas avanzadas de la vida, incluyendo aspectos como la reducción del aislamiento social, el tratamiento de las pérdidas auditivas y en la visión, el tratamiento de la depresión, así como el fomento de la estimulación cognitiva, teniendo presente que las intervenciones o los cambios en los estilos de vida en cualquier etapa pueden modificar el riesgo de demencia.
Cada vez más se va incrementando la información existente sobre la capacidad de modular el riesgo, incluyendo la modificación de hábitos, el control de determinados factores y las acciones de agentes farmacológicos utilizados con diversas finalidades. En la comisión Lancet se señalaba que intervenciones dirigidas a lo largo de la vida a 14 factores de riesgo relacionados con la demencia podrían retrasar o prevenir el desarrollo de la misma. Sin embargo, la información disponible sobre la modulación del riesgo mediante medicamentos sistémicos utilizados en el tratamiento de diversas enfermedades y factores de riesgo todavía es limitada. La identificación de agentes que puedan modular el riesgo de demencia es crucial dada la falta de tratamientos específicos y el reto que supone esta condición para la salud pública.
En relación con este tema, el estudio realizado por Clara Belessiotis-Richards et al., publicado recientemente en la revista Molecular Psychiatry https://doi.org/10.1038/s41380-025-03129-3 aporta el análisis de la evidencia actual sobre la utilización de medicamentos sistémicos y su influencia sobre el riesgo de demencia por todas las causas. En este estudio se han incluido los metaanálisis revisados por pares en los que se ha examinado este riesgo y los medicamentos sistémicos utilizados y se ha evaluado la certeza de la evidencia obtenida en relación con cada grupo de fármacos.
En el estudio han incluido 68 metaanálisis que aportan información sobre 11 clases de fármacos: antihipertensivos (18 metaanálisis), estatinas (7), antiácidos (7), antidiabéticos (7), antiinflamatorios no esteroideos (6), tratamiento hormonal sustitutivo (5), tratamientos oncológicos (5), fármacos psicotrópicos (3), anticolinérgicos (3), suplementos dietéticos (3) y anticoagulantes (3). La mayoría de los metaanálisis han examinado el riesgo de demencia por todas las causas y, mediante la utilización del marco GRADE, los autores del estudio han encontrado evidencia de certeza moderada en la reducción del riesgo con la utilización de antihipertensivos, estatinas, inhibidores de la proteína transportadora de sodio-glucosa 2 (SGLT2) y agonistas del receptor del péptido similar al glucagón-1 (GLP-1 RA). También han obtenido evidencia de certeza moderada en el incremento del riesgo en las personas tratadas con anticolinérgicos con una posible relación dosis-respuesta.
En la discusión de los resultados los autores señalan que la evidencia más sólida que han encontrado respalda la utilización de medicamentos antihipertensivos para reducir el riesgo de demencia, evidencia reflejada tanto en ensayos clínicos como en estudios observacionales. Consideran que hay que tener presente el control efectivo de los factores de riesgo vascular y, en relación con la hipertensión arterial, comentan que los efectos sobre la incidencia de demencia parecen estar asociados con sus efectos sobre la presión arterial más que con el subtipo de fármacos utilizados y que este efecto aparece en entornos y poblaciones diversos. Opinan que es necesario realizar ensayos clínicos específicos para examinar los medicamentos sistémicos más prometedores. Estos estudios deberían diseñarse para medir la demencia como resultado principal y tener la potencia suficiente para identificar relaciones causales con medicamentos sistémicos, idealmente con largos periodos de seguimiento y reclutando participantes de mediana edad. Los autores sugieren que los inhibidores de SGLT2 y los agonistas del receptor de GLP-1 pueden ser fármacos prometedores. Además, consideran que la subtipificación de la demencia a través de biomarcadores será esencial para comprender los posibles mecanismos de acción de las clases de fármacos individuales en patologías específicas.
Con respecto a la utilización de anticolinérgicos y su empleo en casos de deterioro cognitivo los autores señalan que la mayoría de las revisiones sistemáticas incluidas en el estudio aportan resultados de estudios observacionales, y que este hecho debe ser tenido en cuenta. Especialmente teniendo presente el posible riesgo de confusión por indicación, ya que la mayoría de los estudios no incluyeron grupos de comparación activa. Comparar personas a las que se les han recetado medicamentos para una afección específica conlleva el riesgo de que cualquier diferencia observada se deba a la afección subyacente en lugar de al fármaco.
En resumen, los autores concluyen que han encontrado certeza moderada en la evidencia de reducción del riesgo de demencia asociada con la utilización de antihipertensivos, estatinas, inhibidores de SGLT2 y agonistas del receptor de GLP-1, y certeza moderada de un mayor riesgo de demencia con anticolinérgicos. Basándose en estos hallazgos, recomiendan la identificación y el tratamiento proactivos de la hipertensión como un factor de riesgo modificable para la demencia. También recomiendan que se identifiquen y consideren alternativas a los medicamentos anticolinérgicos en pacientes ancianos, por ejemplo, mediante el uso de herramientas de cálculo de la carga anticolinérgica.
Fuente (Acceso abierto): Belessiotis-Richards C, Hayes J, Yap YF. Systemic medications and dementia risk: a systematic umbrella review. Molecular Psychiatry 2025; 30:5578 – 5599.
https://doi.org/10.1038/s41380-025-03129-3 Los macrófagos responden de forma divergente al virus de la gripe A y a Streptococcus pneumoniae en función de si se trata de una coinfección o una superinfección.
(Información publicada en Diario Médico: https://www.diariomedico.com/medicina/oncologia/cancer-renal-papilar-alteraciones-met-sumar-savolitinib-durvalumab-mejora-supervivencia.html )
El sistema inmunitario responde de manera muy distinta cuando virus y bacterias infectan simultáneamente que cuando la infección ocurre de forma secuencial. Un estudio coordinado por la Universidad CEU San Pablo y publicado en Frontiers in Immunology revela cómo reaccionan los macrófagos frente a una infección por el virus de la gripe A y la bacteria Streptococcus pneumoniae.
“El trabajo demuestra que el orden en que llegan los patógenos determina qué microorganismo domina la respuesta inmunitaria”, señala Javier Arranz Herrero, primer autor del estudio. Cuando hay coinfección de virus y bacterias, los macrófagos activan un programa inflamatorio muy similar al inducido por la bacteria sola”. En esta situación, “la señal bacteriana domina la respuesta inmunitaria, desencadenando una fuerte activación de vías inflamatorias dependientes de NF-κB” (factores de transcripción del sistema inmune).
Sin embargo, cuando la infección ocurre de forma secuencial, es decir, en caso de superinfección, donde primero infecta el virus de la gripe y posteriormente la bacteria, los macrófagos ya han sido programados por el virus. En este escenario, la respuesta inmunitaria está dominada por el virus, que condiciona la reacción posterior frente a la bacteria. Este fenómeno de primado viral altera el comportamiento de los macrófagos y puede amplificar respuestas inflamatorias asociadas a daño pulmonar y complicaciones respiratorias.
Los resultados de este estudio ayudan a explicar por qué las infecciones bacterianas secundarias a la gripe pueden ser especialmente graves y destacan la importancia de considerar no solo qué patógenos están presentes, sino también el orden en que infectan al organismo.
Los investigadores señalan que comprender cómo se reprograma la respuesta de los macrófagos durante las coinfecciones podría ayudar a diseñar nuevas estrategias terapéuticas para prevenir o tratar complicaciones respiratorias asociadas a la gripe.
“En los modelos de coinfección simultánea, los macrófagos son rápidamente reprogramados por S. pneumoniae, que consigue desviar su actividad hacia rutas antibacterianas (NF-KB). En cambio, cuando el virus infecta primero, y la bacteria un tiempo después, los macrófagos quedan marcados por una impronta antiviral generada por la interacción inicial con el virus que amplifica genes ligados a la inflamación y a la fibrina, una vía de coagulación clave por las posibles trombosis. Esto altera su respuesta posterior frente a la bacteria y modifica el curso inflamatorio”, señala Jordi Ochando, director de la Unidad de Inmunidad de Trasplantes del Centro Nacional de Microbiología del Instituto de Salud Carlos III.
Esta divergencia funcional, observada experimentalmente mediante perfiles transcripcionales y análisis de respuesta inmune a través de la secreción de citoquinas (proteómica), añade información para explicar por qué algunas combinaciones de gripe y neumococo resultan especialmente graves mientras que otras siguen trayectorias clínicas diferentes.
RESPUESTA EN FUNCIÓN DE LA EDAD
Los investigadores validaron sus hallazgos utilizando macrófagos derivados de cerdo, un modelo relevante porque este animal desarrolla una enfermedad respiratoria muy similar a la de los humanos cuando se infectan con virus de gripe porcina y con la bacteria Streptococcus suis, un patógeno estrechamente relacionado con S. pneumoniae. El modelo porcino permitió comparar los efectos de las coinfecciones dependientes bien de la cepa de virus o de distintos serotipos de S. suis. “Esta concordancia demuestra que los mecanismos descritos pueden presentar comportamientos parecidos en distintas especies que sufren la gripe. También subraya el valor de los modelos animales en la investigación traslacional para comprender mejor las coinfecciones y desarrollar intervenciones más eficaces”, explica César Gutiérrez Martin, de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de León.
El estudio también explora cómo la edad condiciona la respuesta de los macrófagos frente a estas coinfecciones, una cuestión relevante dado que las coinfecciones afectan de manera diferente a niños, adultos y personas mayores. Los investigadores compararon macrófagos procedentes de ratones jóvenes (1 semana), ratones adultos (12 semanas) y ratones de mayor edad (40 semanas).
“Los resultados mostraron que existe una gran diferencia en la respuesta entre los distintos tipos de macrófagos, es mayor en ratones de 1 semana Vs 40 semanas en la coinfección, y al revés en el caso de la superinfección. Esta respuesta también es diferente dependiendo de que se infecten al mismo tiempo o de forma secuencial”, comenta Estanislao Nistal Villán, de la Facultad de Farmacia de la Universidad CEU San Pablo.
En el estudio también han participado otras instituciones españolas e internacionales, (Centro de Biología Molecular Severo Ochoa-CSIC), (Centro de Control de Enfermedades Infecciosas, Instituto Nacional de Salud Pública y Medio Ambiente, Bilthoven en los Países Bajos), y de Estados Unidos (Departamento de Microbiología, Icahn School of Medicine at Mount Sinai).
Referencias:
Javier Arranz-Herrero et al. Divergent macrophage responses to Influenza A virus and Streptococcus pneumoniae: co-infection drives bacterial dominance whereas superinfection favors viral priming. Front. Immunol., 04 March 2026
Volume 17 – 2026 | https://doi.org/10.3389/fimmu.2026.1729086 Open Acces
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