Influencia de los medicamentos sobre el riesgo de demencia

9 abril, 2026

Resumen elaborado por el Dr. Javier Chorro, cardiólogo y miembro del Comité Científico de Fundación QUAES, a partir del estudio Systemic medications and dementia risk: a systematic umbrella review, publicado en Molecular Psychiatry (Acceso abierto: https://doi.org/10.1038/s41380-025-03129-3 ).

Los datos demográficos muestran que la población actual es más longeva que en épocas anteriores. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística, el porcentaje de personas con edad igual o mayor de 65 años ha ido aumentando progresivamente, así en 1975 este porcentaje era el 10,2% de la población y en 2024 el 20,4%. Se observa lo mismo al analizar el índice de envejecimiento, es decir el porcentaje de población de 60 años o más con respecto a la población de edad inferior a 16 años, que en 1975 era el 34,9% y en 2024 el 142,3%. Estas cifras van unidas a un aumento de la esperanza de vida al nacer, que actualmente es de 83,7 años y en 1975 era 73,4 años. El incremento de la longevidad es el resultado de múltiples factores relacionados con las condiciones de vida, entre los que se encuentran mejoras en la nutrición, en la salubridad, en la sanidad, en la lucha contra las enfermedades, en las condiciones laborales o en los sistemas de protección social.

 

Estos avances, a su vez se acompañan de un incremento de condiciones asociadas al envejecimiento, entre ellas enfermedades no transmisibles y degenerativas entre las que se encuentran el deterioro cognitivo y la demencia. En el informe sobre prevención, intervención y atención de la demencia elaborado en 2024 por la Comisión Permanente de “The Lancet”, se señalaba que en la época actual hay más personas que viven con demencia que en épocas anteriores y que se prevé que este número siga aumentando. Por este motivo, los autores del informe consideran que se deben realizar esfuerzos y utilizar recursos para prevenir o retrasar la demencia y mejorar la calidad de vida de las personas afectadas y de sus familiares.

 

Como se señala en el citado informe, la prevención debería comenzar en etapas precoces de la vida estableciendo mejoras en los programas de educación, y a lo largo de la misma controlando los factores de riesgo: dislipemias, diabetes, obesidad, hipertensión arterial, traumatismos craneoencefálicos, alcoholismo, tabaquismo y sedentarismo, entre otros. También, en etapas avanzadas de la vida, incluyendo aspectos como la reducción del aislamiento social, el tratamiento de las pérdidas auditivas y en la visión, el tratamiento de la depresión, así como el fomento de la estimulación cognitiva, teniendo presente que las intervenciones o los cambios en los estilos de vida en cualquier etapa pueden modificar el riesgo de demencia.

 

Cada vez más se va incrementando la información existente sobre la capacidad de modular el riesgo, incluyendo la modificación de hábitos, el control de determinados factores y las acciones de agentes farmacológicos utilizados con diversas finalidades. En la comisión Lancet se señalaba que intervenciones dirigidas a lo largo de la vida a 14 factores de riesgo relacionados con la demencia podrían retrasar o prevenir el desarrollo de la misma. Sin embargo, la información disponible sobre la modulación del riesgo mediante medicamentos sistémicos utilizados en el tratamiento de diversas enfermedades y factores de riesgo todavía es limitada. La identificación de agentes que puedan modular el riesgo de demencia es crucial dada la falta de tratamientos específicos y el reto que supone esta condición para la salud pública.

 

En relación con este tema, el estudio realizado por Clara Belessiotis-Richards et al., publicado recientemente en la revista Molecular Psychiatry  https://doi.org/10.1038/s41380-025-03129-3 aporta el análisis de la evidencia actual sobre la utilización de medicamentos sistémicos y su influencia sobre el riesgo de demencia por todas las causas. En este estudio se han incluido los metaanálisis revisados ​​por pares en los que se ha examinado este riesgo y los medicamentos sistémicos utilizados y se ha evaluado la certeza de la evidencia obtenida en relación con cada grupo de fármacos.

 

En el estudio han incluido 68 metaanálisis que aportan información sobre 11 clases de fármacos: antihipertensivos (18 metaanálisis), estatinas (7), antiácidos (7), antidiabéticos (7), antiinflamatorios no esteroideos (6), tratamiento hormonal sustitutivo (5), tratamientos oncológicos (5), fármacos psicotrópicos (3), anticolinérgicos (3), suplementos dietéticos (3) y anticoagulantes (3). La mayoría de los metaanálisis han examinado el riesgo de demencia por todas las causas y, mediante la utilización del marco GRADE, los autores del estudio han encontrado evidencia de certeza moderada en la reducción del riesgo con la utilización de antihipertensivos, estatinas, inhibidores de la proteína transportadora de sodio-glucosa 2 (SGLT2) y agonistas del receptor del péptido similar al glucagón-1 (GLP-1 RA). También han obtenido evidencia de certeza moderada en el incremento del riesgo en las personas tratadas con anticolinérgicos con una posible relación dosis-respuesta.

 

En la discusión de los resultados los autores señalan que la evidencia más sólida que han encontrado respalda la utilización de medicamentos antihipertensivos para reducir el riesgo de demencia, evidencia reflejada tanto en ensayos clínicos como en estudios observacionales. Consideran que hay que tener presente el control efectivo de los factores de riesgo vascular y, en relación con la hipertensión arterial, comentan que los efectos sobre la incidencia de demencia parecen estar asociados con sus efectos sobre la presión arterial más que con el subtipo de fármacos utilizados y que este efecto aparece en entornos y poblaciones diversos. Opinan que es necesario realizar ensayos clínicos específicos para examinar los medicamentos sistémicos más prometedores. Estos estudios deberían diseñarse para medir la demencia como resultado principal y tener la potencia suficiente para identificar relaciones causales con medicamentos sistémicos, idealmente con largos periodos de seguimiento y reclutando participantes de mediana edad. Los autores sugieren que los inhibidores de SGLT2 y los agonistas del receptor de GLP-1 pueden ser fármacos prometedores. Además, consideran que la subtipificación de la demencia a través de biomarcadores será esencial para comprender los posibles mecanismos de acción de las clases de fármacos individuales en patologías específicas.

 

Con respecto a la utilización de anticolinérgicos y su empleo en casos de deterioro cognitivo los autores señalan que la mayoría de las revisiones sistemáticas incluidas en el estudio aportan resultados de estudios observacionales, y que este hecho debe ser tenido en cuenta. Especialmente teniendo presente el posible riesgo de confusión por indicación, ya que la mayoría de los estudios no incluyeron grupos de comparación activa. Comparar personas a las que se les han recetado medicamentos para una afección específica conlleva el riesgo de que cualquier diferencia observada se deba a la afección subyacente en lugar de al fármaco.

 

En resumen, los autores concluyen que han encontrado certeza moderada en la evidencia de reducción del riesgo de demencia asociada con la utilización de antihipertensivos, estatinas, inhibidores de SGLT2 y agonistas del receptor de GLP-1, y certeza moderada de un mayor riesgo de demencia con anticolinérgicos. Basándose en estos hallazgos, recomiendan la identificación y el tratamiento proactivos de la hipertensión como un factor de riesgo modificable para la demencia. También recomiendan que se identifiquen y consideren alternativas a los medicamentos anticolinérgicos en pacientes ancianos, por ejemplo, mediante el uso de herramientas de cálculo de la carga anticolinérgica.

 

Fuente (Acceso abierto): Belessiotis-Richards C, Hayes J, Yap YF. Systemic medications and dementia risk: a systematic umbrella review. Molecular Psychiatry 2025; 30:5578 – 5599.

https://doi.org/10.1038/s41380-025-03129-3

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